¿Significará el contrapoder del pueblo frente a los poderes económicos?
Un ensayo sobre la significancia del Gorosito: "El coloso en sus gestos"
Sábado, 13 de febrero de 2016Fabio Seleme, el autor de este artículo, es docente de la UTN y de la UNPA y nos da una mirada interesante acerca de la máxima estatua de la Patagonia.

 El coloso en sus gestos

Por Fabio Seleme (*)

Hay una ciudad real y una imaginaria. Ambas se cruzan en el monumento, que es el lugar donde la conciencia de la ciudad emerge como representación simbólica. Y dependiendo de su intensidad significante, el monumento puede convertirse en sinónimo de la ciudad misma. Esto es lo que sucede en Caleta Olivia donde, entre el mar azul y los cerros de arena y matas, la ciudad es la ciudad del Gorosito.

Su instalación, en una plazoleta que enlaza seis avenidas, indica ya un carácter nodal, que resulta tal vez injusto circunscribir y acotar a la ciudad del norte de Santa Cruz. Porque es el Gorosito el más grande monumento escultórico de la Patagonia toda. Notable por sus más de trece metros de altura y por el hecho, poco común, de ser un homenaje a un trabajador y a su trabajo. De nombre difícil de descifrar del todo y de estética con reminiscencias del “realismo socialista” soviético, la colosal imagen representa a un obrero petrolero en boca de pozo, con el torso desnudo y las manos en el volante de la válvula de apertura de la cañería. La actitud de esfuerzo y la mirada clavada al norte expresa, según la versión oficial, toda la riqueza que la Patagonia y el trabajo de sus hombres entregan al resto de país.

Sin embargo, si uno se permite tomar distancia de esa interpretación políticamente correcta, y con cierta mirada un poco más paranoide indaga ciertos detalles de la escultura de José María Cifuentes, la obra entrega un plus. 

Si uno observa con algo de suspicacia puede notar que la pierna izquierda del Gorosito está levemente adelantada y flexionada en relación a la pierna derecha, la que se nota en aparente retracción. También surge a la mirada atenta el detalle de que la mano izquierda parece que empujara sobre el volante de la llave y la mano derecha tirara con cierta distensión, mientras los pliegues del pantalón corroboran una torsión corporal hacia adelante y a la derecha. Todos estos detalles permiten inferir sorpresivamente, entonces, que el Gorosito está haciendo girar el volante de la llave esclusa en el sentido de las manecillas del reloj. Es decir, cerrándola.

Si esto es así, que el Gorosito está cerrando la llave o al menos que tiene un movimiento ambiguo, además del homenaje explícito al gremio petrolero, su hechura de hormigón subrepticiamente proyectaría una idea de contrapoder a partir de la posesión y control del recurso. La escultura atesoraría, con la complicidad o no de su autor, mucho más que un tributo. Se escenificaría tal vez en el Gorosito un mito patagónico, que suele surgir en tiempos de crisis o conflictos: aquel que plantea que llegado el caso, nuestra región y su gente podrán cortar el suministro de crudo y gas, si es necesario reivindicar o reclamar derechos frente a algún avasallamiento del centralismo porteño y capitalino.

Además del homenaje explícito al gremio petrolero, su hechura de hormigón subrepticiamente proyectaría una idea de contrapoder a partir de la posesión y control del recurso. 


Y llamativamente, a través de esta vinculación al mito local, es que la obra accede a la posibilidad de una lectura más compleja, ya que instala su trama significante no sólo en términos de trabajo, uso de medios y herramientas y entrega del recurso, sino también en relación a la puja de poder en torno a las riquezas, que es lo que anuda socialmente a todos los elementos de la producción, más allá incluso de la actividad petrolera y energética. 

El significante se abre así como presencia en tensión y se nos permite de esta forma redondear una pauta hermenéutica formalizada de la obra en términos más abstractos. En ese camino nos animamos a decir que la mirada al norte del Gorosito es el simbólico señalamiento a los poderes dominantes por parte de un obrero, cuyas manos en gesto de control de la válvula lanzan una permanente advertencia a esos poderes y un recordatorio persistente a los obreros con el manifiesto latente de que el poder de verdad siempre está en posesión de quien trabaja y tiene la capacidad de transformar la realidad.

Entendido en esta universalidad se “agranda” aún más el Gorosito, excediendo a su ciudad y su región por la vía de formularlas con simpleza esencial. El coloso de tamaño adviene interpretativamente a su equivalente y colosal significado concomitante.

(*) Docente de la UTN y la UNPA

Lps� ���,�